María Santísima de la Esperanza

Foto de Joaquín Riquelme
Foto de Joaquín Riquelme

Spes nostra, ora pro nobis

 Estaban en pie junto a la Cruz de Jesús,  su Madre, María de Cleofás, hermana de su Madre y María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y junto a Ella al discípulo que él amaba, dijo a su madre: “Mujer, he ahí tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “He ahí tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo la recibió consigo. (Jn 19:25-27) […] Ellas se alejaron a toda prisa del Sepulcro y con temor y gran alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús salió a su encuentro y les dijo: “Dios os  guarde”. Ellas se acercaron, se agarraron a sus Pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “no temáis, id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán”. (Mt 28,8-15).

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ICONOGRAFIA

               Esta talla realizada en madera de pino se inserta dentro de los cánones más clásicos de la imaginería de candelero o de devanadera, según se nombra así a las imágenes que no son de talla completa, sino que se articulan según un cuerpo simulado, siendo sólo las manos y la cabeza las partes en las que aparece la talla propiamente dicha. Ésta se debe al imaginero Antonio Eslava Rubio (Carmona, 1909-1983), escultor de la época de oro del siglo pasado en lo que a imaginería se refiere. Esta imagen, como otras de la misma advocación, surge a partir de que  en el año 1945 se hace patrona de los Agentes Comerciales de España a la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza de Sevilla, del barrio popular de la Macarena.  En nuestro caso la delegación provincial de los Agentes Comerciales de nuestra ciudad se pone en contacto con el escultor sevillano en el año de 1952. Es claro y evidente que el escultor, fruto de su continuada repetición del modelo, deja entrever en el resultado algunos rasgos que se acercan al modelo sevillano, pero Eslava también es consciente de que las delegaciones de las provincias, en muy pocas ocasiones conocían de forma minuciosa a la Imagen Sevillana, por lo que se podía permitir algunas variaciones, como es el caso de la imagen jiennense, que muy poco tiene que ver con el original, como se puede ver a simple vista, no siendo por tanto una copia de la Macarena, sólo que se somete al canon impuesto por la obra Sevillana.

           En la valoración de la obra podemos decir, comenzando por la policromía, y como corresponde al estilo de este escultor, que se aleja de los tonos morenos tostados de la imagen hispalense para hacerse en tonos marfileños, sosegados por los colores sonrosados de los frescores, con los cuales el escultor matiza las mejillas y los párpados de los que surgen cinco lágrimas de cristal. También se aparta del original en la talla minuciosa de los músculos y tendones del cuello, que acompaña a los movimientos nerviosos del llanto, en el momento de las inspiraciones nerviosas incontroladas, éstas, hacen que los tendones se estiren y afloren, surgiendo de igual modo la oquedad del arranque del cuello, de forma perpendicular con la clavícula.

Foto de Joaquín Riquelme
Foto de Joaquín Riquelme

Esta forma de tallar escrupulosamente se inserta en las características del Neobarroco a la que la obra de Jaén pertenece. En ésta también aparece el típico hoyuelo que Astorga popularizara de forma generalizada a partir del XIX, así como la presencia de postizos, pues las pestañas son naturales como sucede casi de forma generalizada. El corte de la cara en este caso se hace redondeado y aniñado, y la boca aparece con un gesto encogido por la tensión del llanto, como lo hacen los niños pequeños en los acostumbrados sollozos o pucheros. Así el labio superior se arquea de forma prominente diferenciándose de su modelo, que se hace de una forma más suave. En lo que se refiere a la nariz, ésta se hace mas apuntada en el caso jiennense, provocado también por una apertura generosa de los orificios de la misma a consecuencia de la agitación del llanto. Los ojos un poco más sosegados también en este caso.

         En el entrecejo se hace patente la similitud con la obra Sevillana, como aparece en muchos ejemplos que se basan en el modelo hispalense, concentrándose en él el gesto de dolor, también las cejas son más afinadas y arqueadas en la imagen Jiennense que se está analizando.

       De forma general el aire de la escultura de esta Cofradía es mas aniñada y cuenta con una belleza clara, apartada  del modelo macareno y a caballo con otra imagen que estará presente en la obra de su artífice, nos estamos refiriendo a la dolorosa salzillesca que terminará de configurar el estilo tan peculiar de este escultor.

Foto de Javi Vílchez
Foto de Javi Vílchez

Otro rasgo que rescata esta obra de la mediocridad, es la portentosa maestría a la hora de acometer la hechura de las manos, con las que este escultor remataba sus obras, no por menos el taller de otro gran escultor del siglo pasado, Castillo Lastrucci, encargaba las manos de sus imágenes a la gubia de su homólogo Eslava, por lo que el mundo imaginero lo llamó el escultor de las manos. En éstas el artista se acerca al natural con límites insospechados y de una forma relajada y con gran belleza. Estas aparecen de forma sueltas y ligeramente extendidas, sin aspavientos, sino que al contrario, con unas formas elegantes, recuerdan las manos aristocráticas de Van Dyck, dejadas caer de una finura y exquisitez. En estas aparecen los matices policromos de la piel y hacen que la imagen se impregne de gracia y sutileza femenina, tan del gusto de la gubia andaluza en general y Sevillana en particular para la imagen de la Madre de Dios.

      Por lo tanto el canon macareno está presente en el escultor, concretamente en esta obra que analizamos, sólo como una mera referencia a la que, por admiración, cualquier escultor tiene presente en el momento de acometer una obra mariana de Pasión. Esta imagen es un ejemplo de gran personalidad propia y de transición a la obra original del artista desde las imposiciones de los demandantes de obras que emularán a la imagen Sevillana de San Gil. Lejos de valorarla sólo como una copia, se deja entrever el trabajo exquisito de finura y delicadeza, apartado en gran medida del modelo macareno, y tiene recuerdos de ésta como pueden tener otros muchos ejemplos, que difícilmente se pueden apartar de la imagen  que sin duda marcó un hito, y lo sigue haciendo entre los imagineros actuales del Neobarroco.

Joaquín Riquelme Montoro/ Diego Expósito Godoy. Perdón, Amor y Esperanza. Medio Siglo de Cofradía.

Manuel López Pérez.  Parroquia de Cristo Rey 1955-2005.

Foto de Joaquín Riquelme
Foto de Joaquín Riquelme
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