Al Señor del Amor y del Perdón

Poesías y estrofas dedicadas

a nuestra imágenes Titulares cristíferas

Al Cristo del Amor en su Prendimiento

Foto de Joaquín Riquelme
Foto de Joaquín Riquelme

Al Santísimo Cristo del Amor

Cristo del Amor,
cada giro de la gubia que te creó,
te modeló con trazos de pasión.

Amor, que resuenas en mi mente,
Amor, que brotas de mis palabras,
Amor de mis noches y mis mañanas,
Amor que me miras, me llamas,
y que anidas en mi alma.

Amor en el beso que no te traiciona, que nunca te engaña,
Amor en la gente que siempre da la cara,
Amor en mi Semana Santa.
Amor en las túnicas nazarenas,
Amor en los monaguillos y las camareras,
en los costales y las trabajaderas.

Amor que no anda, que no camina, que parece que navega,
Amor que con su izquierdo se adelanta,
ya llega, ¡ya avanza!, pero que nunca se marcha,
Amor en el lamento de la corneta que te alaba,
Amor en mis versos que te proclaman.

Amor en el cáliz que tu sangre derrama,
y en las espigas por el sol doradas,
Amor en la vida recién estrenada
y de los que ya tienen canas.

Amor que vives en todos los rincones y en las casas,
Amor que abres tus brazos y siempre abrazas,
Cristo del Amor, bendita imagen venerada,
Amor que llegas, y ya nunca te marchas.

María José Chica García
Jaén, 24 de enero de2015

Al Cristo del Amor

¿El Hijo de Dios eres Tú?

pregunta el pretor romano,

…y lavándose las manos

envía que te claven en la Cruz,

desconociendo a quien condena,

ordenando a tan terrible pena

que sufriste con amor, mi Jesús.

 

Te entregó con un saludo y un beso,

Por unas monedas, Judas, el traidor,

Y en el Huerto, te hicieron preso

A Ti, que eres perdón y amor.

 

Y lo dicen tus ojos, Señor,

De tu amor y pesadumbre;

De tu gran mansedumbre,

De tu amor…, Señor del Amor.

 Carmelo Zamora Troyano (1994)

 

Beso de traición

En la noche

En la noche entre los olivos.

Le prendieron de madrugada

Por un beso de traición,

Al Cristo del Amor

Por un beso de traición;

 

-No lo llevéis atado

Como si fuera un reo

Que es el Rey de los cielos

Que viene de Cristo rey

Que es el Rey de los cielos.

 David Torres Latorre (1996)

Lemá Sabachthání

(Por qué me abandonaste)

Este pueblo, Señor, que en ti confía,

entre olivos contigo fue prendido

y contigo, rezando en su agonía,

con sangre sudorosa fue vendido.

 

Fue vendido, Señor: ya no porfía

y cual tú en tu pasión ya está rendido

sin otra luz que la melancolía

de una esperanza de verse redimido.

 

Este pueblo, Señor, que va contigo

al “sitio de la calavera” frío

cual Simón Cirineo más amigo

 

Debe ya redimirse, pues confío

que no llegue a decir, como yo digo:

“¿Por qué me abandonaste, Señor Mío?

 Rafael Lizcano Zarceño (1996)

Foto de Álvaro Vera Salmoral
Foto de Álvaro Vera Salmoral

Pasa el Amor

Cuando el cielo viste de gris
Anunciando su palidez gloriosa,
Bajo una candelería temblorosa
Que le llena de llanto el iris.

Tarde de anochecer dorado
Con frío que entristece el mirarle,
Frente a frente a su destino
Que de ocre se viste la calle.

Tristemente florece el presagio
Sobre su vida repleta de amor,
Que se deshoja cubierto de dolor
Cuando ante Él, pasa la Esperanza.

Y la humildad lo riega con ternura
Dejando brotar la ilusión,
Para calmar el ardor y dolor
En este vergel, repleto de vida.

Y cuando redoblan los tambores
Anunciando su palidez gloriosa,
Al compás que en el horizonte rebosa
La luz y bondad de su trabajadera.

Y el bamboleo mece el olivo
Al son de la luna y estrellas,
Dejando un claro resplandor
A este Cristo del “Amor”.

Miguel de la Torre Padilla (2014)

Al Jesús del Perdón

Foto de Javi Vílchez
Foto de Javi Vílchez

A Jesús del Perdón

¿Dime si no es acaso Jesús del Perdón,
el rostro más humano que has visto de Dios?
¿No es acaso Jesús del Perdón
Aquél al que cuando uno mira, siente tanta emoción
que Él te devuelve un cielo de redención?.
Deja que desate tus manos doloridas,
déjame curarte las heridas,
que pueda ver tus manos extendidas,
y así sentiré mi alma renacida,
que ya estaba más muerta que viva.
Las lágrimas recorrerán mis mejillas
y sin palabras escritas
te amaré más allá del fin de mis días.
Déjame escucharte, darte mis abrazos,
y mirarme en tus ojos que lloran sin llanto.
Eres mi pan, mi vino y mi destino,
eres mi más grande compromiso.
Perdón que ya está echada tu suerte,
Perdón que en las calles ya te espera la gente
y yo no quiero que te toque ni el relente,
Perdón que ya te vas, pero que siempre vuelves.
Perdón que caminas tendiendo puentes,
Perdón que siempre estás presente,
Perdón que vives y mueres
bajo los palos de, esos, tus valientes,
¡siempre de frente!,
y que de sus vidas nunca estás ausente.
Perdón que cuando alguien pronuncia tu nombre
solo ve tu rostro dulce y benevolente,
Perdón quiero irme contigo a la hora de mi muerte,
Jesús del Perdón, Tú que te vas, pero que siempre vuelves.

María José Chica García
Jaén, 24 de enero de2015

Al Santísimo Cristo del Perdón

(Dedicada a Juan García Carmona)

I

Miércoles Santo

esa tarde-noche

cuando, el azahar, con su aroma

va llenando, las plazas recoletas.

Cuando, Jabalcuz, trae brisas

de aire perfumado de primavera,

que se va mezclando

con el olor a incienso y a cera.

Con un sueño de amor,

los costaleros, van a llevar

sobre sus hombros

a Jesús del perdón,

por estas calles de la amargura

de nuestro querido Jaén.

Dentro del Trono,

sólo son rezos;

sólo son lágrimas en los ojos;

sólo espera el costalero

coger con ganas su madero.

 II

Van saliendo los luceros.

Ya están surgiendo del cerro del castillo.

Uno a uno.

Dos a dos;

quieren ver a Jesús del Perdón,

que a una columna va atado,

y que en su agonía, va perdonando

a los que le han ultrajado.

 III

Ya está el cortejo

en las calles de Jaén

séquito de dolor y pena.

Su primera parada…

… la cárcel,

donde una voz dolorida por el sufrimiento le canta un preso:

“¡Ay… Jesús del perdón

acompañarte yo quisiera

en tu aflición!

pues tu gran perdón

me ha llenado, de gozo

mi corazón”

otra vez, también desgarra, su pena;

y con lágrimas en los ojos

así, también le implora:

“¿Qué poderío, tienes en esa mirada,

mi Jesús del Perdón,

que despierta la pasión y la piedad;

que por Ti siento;

que las lágrimas afloran en mis ojos

de tanto amor despiertas en mí.!”

 IV

Es de noche ya.

Subiendo la avenida, va

la tristeza lo invade todo.

El pueblo le sigue,

no quieren dejarlo solo;

no quieren que padezca más,

saben que va triste

que atado a una columna,

y por eso, en silencio le acompañan,

en su gran pesadumbre.

…Y en la lejanía

se oye un sentimiento

que el aire trae….

…¡Perdón, Señor, Jesús mío!

¡Perdón, por ser infame contigo!.

¡Perdón, por el mal trato

que te he dado!

pero sé que de mi corazón;

y eso me consuela,

que Tú, Jesús del Perdón,

nos das tu bendición.

V

Sollozando, se han ido los luceros.

La noche callada queda.

La luna triste está

quiero el aire

y es que hay gran congoja

pues ha pasado padeciendo, por todos,

mi Jesús del Gran Perdón.

 Carmelo Zamora Troyano (1998).

Foto de Javi Vílchez
Foto de Javi Vílchez

PERDÓN

Tu luz, fanal de inmenso sacrificio

señala el buen camino de las almas,

sumisas al ejemplo de esperanza,

que das, hablando así de Tu destino.

 

Un mundo abierto en pos del infinito

vibrando en Tu Perdón cobra la calma

y bebe esa bondad en Tu mirada

que está latente siempre en sus designios.

 

Y al perdonar, esparces amoroso

la fe, brillando lágrimas y soles,

embargas del sentir bello y hermoso,

en tierno fiar de amor los corazones

que sienten el perdón en noble gozo

abiertos ya celestes horizontes.

Antonio Lopez Rodriguez Álvarez

Jaén, marzo de 1960

Buscando tu Perdón

 Dime que miran tus ojos,

que te miro y muero,

dime que tiene tu mirada,

dímelo tu, prisionero.

 

Desatar tus manos quisiera

bajo la luna de tu cielo,

y obtener tu misericordia

sintiendo tu perdón, Galileo.

 

Dime que esconde ese rostro,

que rebosa poesía y humildad,

cuajado de esperanza y lealtad,

luz para mi mar de ansiedad.

 

Dime que miran tus ojos,

repletos de angustia y tristeza,

y ese gesto de clara nobleza

que aflora en Ti, la realeza.

 

Quiero morir con tu perdón,

y en tu trabajadera fundido,

que en tus manos estoy rendido,

y en tu mirada quiero ir prendido.

 

Desatar tus manos quisiera

bajo la luna de tu cielo,

y saber lo que miran tus ojos,

sintiendo tu perdón, prisionero.

 Miguel de la Torre Padilla

 

 

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