Meditación tercera

Foto de Rafa Mariscal
Foto de Rafa Mariscal

María Santísima de la Esperanza, modelo de vida cristiana


La primera Iglesia, llamó a la Virgen María como “LA MADRE DEL JESÚS, LA MADRE DEL SEÑOR” (Hchs 1,14)

Este es su mejor y más hermoso título. El que le dieron los primeros, los íntimos, los hermanos mayores de la fe. Fue la madre física del Maestro, pero todos eran conscientes de que también se había convertido en la Madre de ese otro cuerpo de Jesús que estaba naciendo y creciendo; en un parto que había sido mucho más doloroso y terrible que el primero. María engendró y dio a luz a Jesús, en el dolor de la soledad y el abandono de su establo en Belén. Pero la auténtica fecundidad de maría fue en el parto que se produjo junto a la cruz, donde Ella asumió en el dolor engendrar y parir a todos los hijos en el Hijo. A toda la Iglesia y a toda la humanidad.

Por eso, la peor cosa que podemos hacer en contra de María no es “no creer en Ella” o “no rezarle” o “no creer que fuera Virgen”… lo peor en contra de María es “CONVERTIRLA EN UNA IDEOLOGÍA” transformarla en un hermoso objeto de devoción que no compromete a nada. Hoy como ayer “Dios se hace carne en el mundo por medio del Espíritu Santo y en las entrañas de la Virgen María” (credo de nuestra fe).

Las personas que viven la aventura de la fe, son profundamente marianas. María ha sido la compañera de todos los santos. El Jesús al que ellos han amado y servido les nació de María. Casi todas las grandes órdenes religiosas que se dedican a la Caridad, llevan el nombre de la Virgen o la tienen como modelo de la orden. No es extraño pues que la Virgen congregue, y que los grandes santuarios del mundo sean los centros mundiales del dolor y del amor. (Lourdes, Fátima, Rocío…)

No olvidemos, la falsa imagen que nos hacemos muchas veces de María. Hemos contemplado su vida nada fácil. Nada de nubes ni de angelitos. Nada de azucenas en la mano y estrellas en su cabeza. María es la mujer de la vida difícil. Es la Madre que nos acompaña en las pruebas de la vida.  La mayor parte de nosotros tiene también una vida difícil. Por eso podemos tener en María un modelo de vida cristiana cercano, un modelo hecho para cada uno de nosotros.

El Papa Juan Pablo II quería que amemos a María como cercana a nuestro camino y a nuestras dificultades; como ejemplo de seguimiento de Cristo y de respuesta a Dios desde la cotidianidad más que desde los milagros o privilegios.

Hay un cambio también en la acentuación de las actitudes cristianas desde la figura de María:

            +Se alaba ante todo su Fe. “Dichosa tú, que has creído…”

            +Su disponibilidad para con Dios: “he aquí la esclava del Señor…”

            +Su escucha a la Palabra: “María guardaba todas estas cosas…”

            +Su capacidad de oración y alabanza: “Proclama mi alma la grandeza del Señor,…”

            +Su fraternidad con los hermanos: “María se puso en camino…”

            +Estar pendiente de los demás: “No tienen vino…”

            +Su participación activa en la Primera Comunidad: “Estaban reunidos en oración con María, la Madre de Jesús…”.

Pues ser devoto de María de la Esperanza, por tanto es rezar nuestra propia vida, orar desde nuestra situación; y ofrecer toda esa situación desde el altar de la cruz, que ahora en la Mesa de la Eucaristía; es aceptar como María a Dios en nuestra vida. Y es que la Virgen María es prototipo y modelo para nuestra fe, aunque caminemos en la oscuridad y dificultad. Aunque no siempre veamos las cosas claras, ni comprendamos lo que está pasando. Pero aunque nos cueste trabajo lleguemos aceptar junto a nuestras propias cruces, aquellas palabras del ángel, como hizo María: “Feliz Tú porque has creído”,

 

Foto de Joaquin Riquelme
Foto de Joaquin Riquelme

 

Oración

La Esperanza, y de la vida difícil

Santa María de la Esperanza y de la vida difícil.

Mira todas las familias de esta Cofradía,

sobre todo a los que tienen problemas.

 

Mira con especial ternura,

a los que están experimentando la cruz de la enfermedad,

o de la dificultad económica.

 

Ayuda a todos aquellos matrimonios que

lo están pasando mal por cualquier motivo.

 

Concede el don y la bendición de los hijos,

a todos aquellos que por cualquier motivo no puedan tenerlos,

tú que nos adoptaste a todos junto a la cruz de tu propio Hijo.

 

Concédenos cada día ser

padres, madres, hermanos y hermanas,

poner amor, comprensión, cariño, perdón…

donde haya otra cosa.

 

Que seamos Virgen de la Esperanza

una comunidad abierta a cualquier necesidad,

como fuiste Tú.

 

María, Madre, modelo,

Reina y Virgen de la Esperanza y de Ternura.

Intercede por tu pueblo, que confía en ti,

y que no tiene más amparo que

los brazos amorosos de Dios nuestro Padre

y tus brazos maternales,

llenos de esperanza y de Amor. Amén

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